No sos vos, soy yo

María Pia

Activista LGTBI

No sos vos, soy yo


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Alguna vez fui imbécil. Mi mirada te juzgaba ignorando el dolor que te causaba. Naciste mujer, aunque en el certificado de nacimiento te pusieran erróneamente que eras un niño sólo porque se fijaron en tus genitales.

 

Diálogo de la hija de unas amigas, preguntada por el género de su hermana recién nacida:

- Es niño o niña?
- No lo sé, aún no lo ha dicho.

Brillante.

 

Mucha gente ignora que el 85% de las mujeres transexuales no tienen trabajo – es el colectivo con la tasa de paro más alta en toda España- y por ello algunas encuentran en la prostitución la única manera de no caer en la pobreza, porque ser mujer y transexual te hace la diana perfecta para la doble discriminación en todos los ámbitos.

 

Hace varios años, dando una charla en un instituto de Barcelona, conocí a una preadolescente trans que desde pequeña empezó a decir que la trataran como niña (tal como me contaron las profesoras). En el curso siguiente apareció vestida como le gustaba: faldas, uñas pintadas y camisetas de tirantes. Sus compañeros de clase, con quienes venía compartiendo estudios de siempre, se limitaron a referirse a ella en femenino con el nuevo nombre escogido con total naturalidad y para grata sorpresa de los adultos. No existía un protocolo, todos fueron improvisando sobre la marcha.

 

Tuvo suerte, hay menores que se suicidan o lo intentan por culpa del acoso escolar. Hay adultos que se quitan la vida por el rechazo familiar y social.

 

Lo normal es tratar a una persona por quien es, somos nuestro cerebro, y no por los cánones de un sistema que prioriza a la princesita Disney. La transfobia está llena de gente intolerante con los demás e incapaz, a su vez, de hacer la menor autocrítica.

 

En un mundo donde la mujer debe ser frágil y sumisa, y los hombres fuertes y poco expresivos con sus sentimientos , tú rompes todos los moldes y no te salvas de las miradas de soslayo acompañadas de comentarios en susurros. Me pregunto cuánta gente podría soportar esto a diario y sin explotar. Yo particularmente los mandaría a la m…

 

Recuerdo cuando conocí a una mujer transexual lesbiana. Mi cara de sorpresa acompañó mi nivel de estupidez en igual grado. Porque, señoras y señores, en un ejercicio lingüístico de expresar la obviedad más grande: una cosa es que te sientas hombre o mujer, y otra es que te guste relacionarte sexo afectivamente con unos, con otras o con ambos.

 

Imaginaros lo siguiente. Te llamas Maria, sientes, piensas, tomas decisiones, amas como Maria… pero al verte al espejo cada mañana te devuelve la mirada un joven estupefacto… es imposible, esa no puedes ser tu. Tú eres una mujer!
Ahora hagan el ejercicio de ponerse en su piel, teniendo que salir “disfrazada” de hombre para no sentirte juzgada en el primer paso que pones en la acera.

 

Perdóname. Mi ignorancia te etiquetó. No sos vos, soy yo.